Falsas apariencias

Mientras cocino, me pinto las uñas y hablo por teléfono, voy a escribir…¿seré capaz?  No se, ya veremos en que queda esto.  Y mientras, voy a escuchar esta canción:

Las mujeres árabes son las más presumidas que conozco, es increible cómo se cuidan.  Me viene a la cabeza Caramel, buenísima película.  Las libanesas son las más guapas, aunque Rania es un bellezón.  Cuando estás en un país árabe es muy fácil quedarte embelesado por su gente.  Son anfitriones perfectos, cariñosos y siempre van a intentar darte todo lo que tengan y más.

Salir a cenar conlleva todo un rito preparatorio para las mujeres, no es como en España, que según a donde vayas, puedes ir en vaqueros.  Allí no, antes muerta que sencilla.  Imprescindible una buena tenue, zapatos de  tacón, buen maquillaje y tocada de peluquería.  Bien de parfum y por supuesto joyas.  En el caso de ellos, no importa tanto, vuelvo a tomar a Rania de ejemplo, en realidad a su maridísimo Abdalá, que no sale sin su riñonera y su chandal brillante.

Llegamos al restaurante, el maître es delicioso y las camareras diosas.  La comida, la de ellos y luego a tomar una copa o dos…  El sitio más cool que te puedas imaginar, está en Dubai o Beirut.  Musicón y más diosas.  Una Dj de moda pinchando que coge el micro y canta en directo, el rosé no para de manar y las burbujas nos hacen bailar sin parar hasta altas horas de la noche.

Por la mañana, mientras nado un poco para que se vayan de mi cabeza los restos de burbujas, pienso en la doble faz de estos países: por un lado, reina el diseño y lo moderno y por otro, una cultura arraigada a una legislación arcaica y conservadora, donde te pueden meter en la carcel por cualquier chorrada.  No todo lo que reluce es oro.

En los Emiratos Árabes, el adulterio está castigado con latigazos, si tienes suerte de no ser musulmán,te libras, pero te vas al trullo unos cuantos meses.  Otra cosa son los arrumacos en público entre heteros, porque los gays, mejor que ni se acerquen.  Y qué decir de las drogas…

Querido hermano y otros expatriados que andáis recorriendo mundos nuevos, cuidado con lo que hacéis y enteraros bien de cómo funcionan las cosas antes de hacerlas.   Te loveo.

Fumadora social ex-fumadora

¿Estás solo?  ¿Puedes chutarle al altavoz?  ¡¡¡¡¡SUBE EL VOLúMEN a tope y pincha el link!!!!!  Para los que todavía no se han enterado, si lees este blog, tienes que escuchar la música, es muy importante.

Menudo subidón, ¿¡¡eh?!!  Me encanta, es justo lo que necesitaba para espabilarme… Menudo comienzo de semana, ouffff.  Me dan ganas de prender muchos fuegos y darme el piro filipino, pero NO, soy peleona.

Todo en su justa medida es bueno, los excesos son los que no son buenos.

Si te forras de panteras rosas o tigretones, te pones gordo;  si no paras de empinar el codo, te vuelves alcohólico; si te drogas constantemente, se te estropean las venas (según la sustancia); si boxeas sin protector de dientes, puedes perder alguno; si no vas pendiente cuando conduces, te puedes chocar o, si no miras cuando cruzas, te pueden atropellar, etc.  Al final, hagas lo que hagas, siempre hay algún riesgo y, llevado al extremo, cualquier cosa te puede llegar a matar.

No hace falta dejar de fumar radicalmente para dejar de ser fumador, es como el que se toma unos vinos o unas copas el fin de semana, no es un borracho, simplemente disfruta de la vida.    Hay muchos placeres en la vida, pero sobre todo, estoy convencida de una cosa: cuando más prohibido está algo, más te apetece hacerlo y más lo valoras.

En mi casa, toda la vida ha habido coca-colas en la nevera, pero era totalmente impensable beber una a diario y, menos, sin pedirle permiso a mi madre.  Cuando el fin de semana, a la hora de comer nos dejaban tomar una  (sólo una) coca-cola, era lo mejor que te podía pasar, era un auténtico placer.  Aunque nos estuviéramos comiendo un filete con patatas, el sólo hecho de estar  bebiendo una coca-ola, lo convertía todo en un manjar.  Todo es cuestión de acostumbrarse.

Con los cigarros, lo mismo.  Antes era fumadora, llevaba tabaco en el bolso, fumaba cuando quería, a veces, hasta fumaba por hacer algo, aunque no me apeteciera.  Cuando tomé la decisión de dejar de fumar, empecé a dejar de fumar los cigarros de ‘por hacer algo’: los del atasco, los de tiempos de espera, los que te fumas cuando te pones a hablar por teléfono, los de antes de entrar en algún sitio, etc.  Y, cuando ya sólo fumaba los indispensables para mi (el de después de comer o el del café con leche, por ejemplo), decidí dejarlo totalmente.  Fueron los que más me costaron, eran 5 cigarrillos que me causaron muchas luchas internas conmigo misma y me hicieron engordar unos cuantos kilos, pero lo dejé.  He estado dos años sin pegar ni una sola calada.

Ahora, en cambio, fumo cuando salgo a divertirme.  Soy fumadora de fines de semana, bodas y bautizos.  He cambiado la coca-cola por el camel azul.  Soy capaz de vivir rodeada de fumadores y paquetes de tabaco sin sufrir, igual que lo hacía de pequeña cuando abría la nevera y veía las coca-colas.  Para mi, fumar es un placer, disfruto de los cigarros y sólo lo hago cuando yo quiero, no cuando no tengo nada mejor que hacer o cuando mi cerebro asocia que me lo tengo que fumar porque estoy en un atasco.

La lucha no hay que hacerla con los fumadores o no fumadores, sino con uno mismo, ¿tú qué quieres hacer? Pues hazlo.

Suena el despertador

Duchada, peinada y acicalada, allá que voy a enfrentarme con la crisis.

Enciendo la radio, directa a la Máxima que es la única que me pone la pila y me hace reir por las mañanas.  ¿Para qué voy a escuchar noticias?  La Bolsa siempre se está cayendo, Nadal ya no gana y en fútbol siempre ganan los mismos, la política es catastrófica, por lo menos a mi no me convencen y todo es crisis.  Los emisoras de música están a full de anuncios y tengo un rato de trayecto hasta que llego a la oficina, lo dicho, directa a la Máxima.

Llego a María de Molina y ya están los limpia cristales de siempre y uno, concretamente, que se acerca, como cada mañana: ‘¡Que no me ensucies los cristales, que te lo digo cada díaaaaa!’… ‘No, no te doy nada, el que me va a dar a mi eres tú por mancharme el coche y sacarme de quicio de buena mañana.’… ‘Si, como cada mañana, estoy muy guapa y de mal humor por tu culpa.’…  Cada día es lo mismo.  En realidad, creo lo hace adrede (siempre es el mismo), porque en cuanto ve que mi coche se para cerca de su semáforo, viene como una bala.  No le importa que le pegue tres gritos, le pite, le ponga los parabrisas a toda pastilla y no le de ni un euro, porque le gusta hablar un rato conmigo y nos reimos.

Suena un tema que me lleva al pasado.

¿Te suena?  Seguro que si, ¡cómo me lo he pasado yo con este Gran Reserva!  Me viene a la cabeza la época de suplicar a mis padres que me dejaran media hora más o que, por favor, me esperaran en la esquina de la manzana de la discoteca y no en la puerta.  Lo mejor era cuando conseguías enredarlos para irte a dormir a casa de la amiga que estaba sin padres.  ¡¡¡Qué tiempos!!!

De pronto,  me doy cuenta de que trabajo en la calle del mítico Son Como Niños, el bareto al que iba a la salida de Bocaccio, cuando conseguía arañar algunos codiciados minutos o, directamente, me iba a dormir a casa de, casi siempre, una amiga.  Por aquella época, Pachá era como un sueño,  como mucho llegaba a Hanoi, un sitio que ahora no se si es un Textura o una tienda de ropa.  Hace poco he conocido a uno de los dueños de Kyoto, ¡me encantaba!.  ¿Y But?  También lo pasé en grande.

Ya he llegado, mi trayecto de hoy ha sido diferente.

Al final, todo vuelve… Ahora, en cambio, frecuento otros sitios, ya hablaré de ellos y  de sus personajes.  Me da para varios posts, ¡ja!

Miradas enmascaradas

La letra es importante, pero el ritmo, para mi, lo es más.  Ourre lo mismo con la entonación, si no es la correcta, da igual lo que digas.

Seducir es un arte y, ni todo el mundo sabe ni a todos les seduce lo mismo.  ¡Ah!…

No es lo mismo un ‘aquí te pillo y aquí te mato’ que un cortejo en toda regla.  Al final se llega a lo mismo, pero con matices.  No hay misterios, sólo sensibilidad. Una buena presentación y un buen aderezo ayudan a que el final sea mejor, a unos más que a otros, claro.  Una persona desnuda es mucho menos interesante que la/el que insinúa.  Me resulta increíblemente seductor dar rienda suelta a la imaginación, a veces te puedes llevar un chasco y otras, una sorpresa.

Sin entrar en si hay o no atracción física, de un simple coup d’oeil despistado a la persona que tienes a lado en un momento dado, te puedes imaginar un montón de cosas.  Luego, el que quiera, que siga, pero yo me planto en la ‘primera vista’, que a veces puedes ser amor.

Todos tenemos algo de voyeur y el ser humano es carnal.  Da lo mismo que estemos en un bar, una farmacia, la cola de un puesto cualquiera del mercado o del súper, en una reunión de trabajo o en una fiesta, siempre miramos.  Atisbar lo que hay debajo de una camisa, un tatuaje, una transparencia o una marca en el pantalón o la falda, pueden ser muy seductores y hacer que ese desconocido sea más interesante.

Cuando miras por el agujerito entre dos botones de la camisa de un hombre, te puedes encontrar con un masculino torso velludo,  uno imberbe de un deportista (siempre pensando en positivo) o te puedes topar con una Damart.  Una marca en la falda puede inducir a que ‘ella’ lleva puesto un liguero o unas medias hold-up o una, menos coqueta, faja reductora.  Si lleva tatuaje, también te da que pensar.  Según la pinta que tenga y como vaya vestida/o, puede ser muy morboso.  Intuir si lleva ropa interior de algodón o lencería fina de encaje o satén cambia mucho la cosa… ¿Es o no es revelador e interesante echarle un vistazo al que tienes al lado, sin mirarle el culo o las tetas?

Bendita seas, sutil delicadeza.  Alabados sean los curiosos ojos sensibles y alejadas sean las obscenas miradas.  Si a la insinuación y no al destape.  La obviedad me resulta ordinaria.