Cher Nicolas, cher Yves

El día de la suerte, 11.XI.11, amanece con un sol tímido  que asoma bajo el cielo  gris y encapotado.  Está nublado, chispea de vez en cuando, pero no hace frío, se está bien por la calle.  Mi cita con Nicolás se acerca, la persona que mejor puede entender el plan que tenemos.  Tiene sensibilidad y es sensible, aprecia el arte y es artista, es francófono y es de Francia, ¿qué mejor compañía para ir a ver la historia creada por Yves Saint Laurent Vous vous ressemblez trop

Criado por su madre y hermanas, Yves es afeminado y delicado.  Se inicia con el gran Christian Dior y hereda su puesto hasta que, con experiencia adquirida – no se si la suficiente – se instala por su cuenta y crea su propia maison.  Buen entendedor de las mujeres, ayuda a su liberación, no buscando como modelo a la mujer reivindicativa, sino a la mujer femenina que busca la comodidad.  Así pués rompe patrones y esquemas sociales, generando amores y odios a su alrededor,  cosechando adeptos y adversarios,  lo normal cuando se produce un cambio.

Vídeos, fotos y vestidos, muchos vestidos, ¡¡¡¡oooohhh!!!!  Saharianas, esmoquins varios y cantidad de vestidos de noche.  Increible.  Pienso en los YSL que me pondría para asistir a una gala de los Oscar en Hollywood o si me invitaran a un baile de alguna Royal House o incluso a la fiesta anual de Porcelanosa donde conocería a ‘She’s sooooo Middleton…‘ o ¡para ir a la boda de mi cuñado! También son vestidos que me hacen soñar y me devuelven a la juventud, cuando iba a los rallyes parisinos, al Bal de débutantes en el Crillon, a bailar a Les Bains Douche,…

Me entero que Yves solamente salía de París para ir a Marrakech, no viajó, todas sus colecciones inspiradas en distintas partes del mundo no eran el resultado de múltiples viajes, sino de largas horas de lectura.  A Yves le gustaba leer de todo y eso le llevó a crear tanto y tan diverso, plasmaba en toiles lo que más le llamaba la atención, dando lugar a auténticas obras de arte. Tenía ojo y demostró que entendía con su colección dedicada a Mondrian, cuando éste empezaba y nadie lo conocía.

¡Qué importantes son los maniquíes!  No tiene nada que ver una prenda puesta en un maniquí de color carne con peluca de nylon y los labios pintados de rojo a verla en un maniquí límpido de color negro brillante, blanco níveo o azul mate.  Gran diferencia, un sutil matiz diferenciador que engrandece o degrada la prenda.

Como nada es perfecto y me gusta ser crítica – constructiva -, comentar que la luz, demasiado ténue, supongo que para no estropear el tejido de los vestidos, no me dejaba ver bien todos los detalles y me hizo salir un pelín adormilada…  Añadir un mauvais point a las guías gritonas seguidas de señoras en tropel que nos atropellaron sin piedad y no nos dejaban escuchar nuestra compartida, pero particular explicación del auricular parlanchín.

Voilà!

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