Ángel

¿Quién no tiene un ángel o un secreto o un miedo o todo al mismo tiempo?

De un polvo vino y en polvo se convirtió.  ¿Dónde acabará ese polvo?  Todavía no lo se, de momento está dando vueltas…

Quiero escribir, pero me doy cuenta que tampoco tengo tanto que decir, le quería mucho, pero yo sólo he sido un testigo de la amistad que había entre ellos.  Una amistad que destilaba amor, confianza y diversión.  Como mera espectadora, sólo puedo dar mi opinión y dedicarle unas letras que, según yo, eché de menos en su momento, palabras y recuerdos que me venían a la cabeza y me hacían sonreír mientras se me escapaban las lágrimas en un evento frío e impersonal.  Cálido y hospitalario, se merecía un adiós caluroso rebosante de amor.

Un ángel divertido, generoso, cariñoso, listo, caprichoso.

Un ángel que montaba números si no le gustaba la comida y se quejaba de beber tinta china cuando le servían un mal vino.  Si comías con él, estabas obligado a darle a probar y arriesgarte a hacer frente a su poder de seducción para cambiarte el plato.  Siempre le gustaba más lo que se comía el del al lado que lo que él mismo elegía.  El chocolate y lo dulce le pirraban y robar de los platos ajenos todavía más.

Un ángel bon vivant que disfrutaba y entendía de arte.  Recorría ferias, exposiciones y galerías buscando antigüedades, cuadros, bastones y figuritas porno que ampliaban su curiosa y magnífica colección.  Su propia casa era como un museo.  Paredes surrealistas, forradas por tapices, óleos figurativos o grabados abstractos, bastones letales rematados por cráneos de ámbar con punzante filo interior, penes de marfil, senos lacados, diferentes versiones del kamasutra y cajitas que escondían tesoros.

Un ángel presumido que cuidaba su imagen igual de meticulosamente que operaba. Vestía prendas originales, se atrevía con el color, no dejaba detalles al azar e iba siempre tocado de sombrero.  Atraía las miradas con sus gafas multicolores que cambiaba sin cesar.  Fumón hasta las trancas, sentía debilidad por los mecheros tanto de cigarillo como de puro.  No hacía ascos a una calada.

Un ángel genial, al que le pudo su miedo y le llevo por el camino de la perdición.

 

Anuncios